( 30°46’33.74″N ; 6°31’44.07″O )
Marruecos es un país de contrastes, tienes desde las mayores y desérticas playas, a lo mas concurridos y “comerciales” desiertos (que paradoja antinatural)… y es que es un lugar raro en el que abundan mas, los madelmans, amantes de la duna, la tormenta de arena y las maquinas del mal, que el marica-playa, formato fardaguevs, frisbe y bronceador L’Oreal (porque tu lo vales), y no os creáis que es porque, como son musulmaaanes… claro…. pues no!! es porque realmente, es mucho mas imponente y atractivo, el seco y árido desierto del señor Livingston, que otra playa mas, en la que encima no hay mujeres semidesnudas para recrear al mirón playero…

Como todos hemos visto las típicas películas de las caravanas del desierto y los Tuaregs locos corriendo por la duna, con mas ropa que un esquimal en enero, todos tendremos claro lo que es un oasis… Ese pequeño y cotizado reducto de sombra, agua y vida, que puedes encontrar, si tienes suerte, en medio de la aridez… generalmente son fruto de nuestra imaginación y se desvanecen cuando llegas, como todo buen espejismo, pero bien es cierto que hay mucho que son reales como la vida misma…
Este es el caso de el Oasis de Tizgui… o como a su legitimo dueño (mas que nada por apropiación) le gusta llamarle: “La Cascada de Omar”
A medio camino entre la grandiosa Marrakech y la famosa Kashba de Ait Ben Haddou (famosa por ser escenario de grandes películas como Lawrence de Arabia y otros productos como Gladiator…), existe un camino, imperceptible para el descuidado, pero todo un caramelo para el observador. Lógicamente no tienes ni idea de donde vas a parar, y en cuanto empiezan a saltar las tuercas del coche (de los vaivenes), pues algún que otro pelo de punta se te pone, y cuando llegas, además, no hay nada…
Solo después de bajarte y fiarte del indicador, que lejos de ser un bonito cartel, es un niño sin escolarizar que pasa las horas muertas esperando, puedes empezar a caminar ladera abajo por un cañón aparentemente desértico, en el que tiempo ha, habrías sido victima de una emboscada y posiblemente pasto de los buitres… Nada más lejos de la realidad, la llegada es cuanto menos idílica…
Omar debe tener, yo calculo, unos 50 años quizá 20 menos…, pero el mismo nos cuenta que lleva 25 años sentado en este pequeño reducto de paz, desde que dejó de trabajar en el ferrocarril, esperando al aventurero que le de por llegar a visitarle, y dispuesto a invitarte a un té, y a un cigarro de esos que a el le gustan… siempre a cambio de unos dirhams en voluntad (que no somos el genio de la lámpara, y comer, comemos todos).
La visión desde lo alto de la cascada es una preciosa vereda de pozas de aguas cristalinas, palmeras inclinadas y alguna que otra rana, a modo de comité de bienvenida. Los mas osados, pueden practicar su estiloso “salto del ángel” desde lo alto de la pequeña cascada a la poza inferior.
No es lo grandilocuente del lugar, como las famosas cascadas de Ouzoud, lo que le incluye en este registro de World’s Apart, sino mas bien lo contrario, es la delicadeza, privacidad y bienestar que se respira en este pequeño paraíso terrenal… Un té, un cigarrito, un baño y un amigo, un descanso y un poco de conversación en un pequeño, gran paraíso… Muy muy dificil de encontrar…
Huahai Tuahai…
- El gran Omar


